Lo primero que hay que observar en una consulta es si se trata de una consulta que diagnostica o de una consulta que vende procedimientos. Una buena consulta diagnostica primero el estado de la piel y la causa de la preocupación del paciente, y luego presenta las opciones adecuadas a esa causa junto con sus ventajas e inconvenientes. Por el contrario, si se recomienda un procedimiento o un paquete concreto sin haber examinado suficientemente el estado, conviene actuar con cautela.
En concreto, le sugiero comprobar lo siguiente: en qué capa (piel, grasa, fascia, volumen) considera que está la causa de su preocupación; por qué el procedimiento recomendado es adecuado para esa causa; qué nivel de mejora se puede esperar y cuáles son sus límites; y cuál es el tiempo de recuperación (downtime) y la posibilidad de efectos secundarios. Que estas preguntas reciban respuestas concretas y coherentes es lo que muestra la calidad de la consulta.
Además, es importante saber si es un lugar donde se puede escuchar un «no hace falta hacérselo». Una consulta que le dice que aplace un procedimiento que ahora no necesita es una señal de que el centro está valorando según los resultados a largo plazo del paciente.




